Además de redes sociales, porno japonés y casinos en línea, internet nos trajo la promesa de una mayor circulación entre las diferentes literaturas en español. El porvenir era promisorio; el resultado, no tan distinto del de las estafas nigerianas.

Por Federico Guzmán Rubio para Letras libres, Abril 13, 2015

Además de redes sociales, porno japonés y casinos en línea, internet nos trajo la promesa de una mayor circulación entre las diferentes literaturas en español. El porvenir era promisorio; el resultado, no tan distinto del de las estafas nigerianas. En doscientos años de historia independiente, son pocos los momentos en que la literatura en español ha logrado trascender las fronteras nacionales para establecer un diálogo continental y transoceánico. Esos efímeros momentos han coincidido con las tres cimas indiscutibles de nuestra literatura: el modernismo, la vanguardia y el boom (este último con sus predecesores y uno que otro de sus herederos).

Queda por responder la pregunta de si esas obras imaginadas, escritas y publicadas en distintos puntos de la geografía hispánica fueron posibles gracias a la comunicación transnacional o si, por el contrario, esta resultó inevitable ante la contundencia de las obras.
Los factores con que se ha explicado el surgimiento de estos movimientos son muchos y convincentes: el nomadismo de sus protagonistas, el surgimiento de revistas dispuestas a publicar literatura en su lengua más allá de las fronteras nacionales y de la redacción, la influencia compartida de otras literaturas, el surgimiento de mitos culturales cohesionadores, la militancia más o menos comprometida en los mismos credos políticos, el establecimiento de una industria editorial de relativa pujanza, la búsqueda de una estética común.

El problema de estas explicaciones es que, si bien responden a los periodos para los que fueron formuladas, podrían aplicarse por igual a otros en que la situación es distinta, casi opuesta. Como el nuestro. En el papel, con la globalización como telón de fondo y la homogeneización de las referencias culturales (altas y bajas), la consolidación de los grupos trasnacionales creó en algún momento, con sus premios en dólares y sus poderosos departamentos de mercadotecnia y prensa, la ilusión de que fomentaría el intercambio de distintas literaturas nacionales, adjetivo, este último, que incluso parecía pasado de moda.

La realidad fue la contraria: solo un grupo reducido de autores son publicados en distintos países, y, más allá de su mayor o menor calidad, la mayoría responde a una estética común, que combina, a grandes rasgos, la corrección política y los escenarios universales o prestigiosos (Europa y Nueva York) con un español neutro e intercambiable, sin mayores marcas locales. Las apuestas más interesantes e incluso subversivas de los sellos trasnacionales, que por supuesto las hay, suelen quedar confinadas en sus países de origen, en espera de que se cumpla la anhelada promesa de exportación. Las editoriales independientes, por su parte y salvo algunas excepciones, sobre todo en España, tampoco se han mostrado particularmente interesadas en fomentar el intercambio literario trasnacional.

Explicar el poco tráfico de las literaturas nacionales fuera de su ámbito resulta complicado, si no inexplicable, más allá de la indiferencia, el provincianismo y la falta de curiosidad, y no es el propósito de este recorrido. Lo que se pretende aquí es justamente lo contrario: aprovechar el material existente en la red para brindar una panorámica del cuento contemporáneo que se escribe en español, o, al menos, del cuento contemporáneo en español que encontramos en línea. Al inesperado afianzamiento de las literaturas nacionales, o a su declive frente a otras opciones lectoras  –del bestseller de calidad o de nula calidad, casi siempre anglosajón, a la novela negra nórdica–, habría que agregar, en el caso de la circulación del cuento, el desprecio o el recelo que ambos universos editoriales, grandes grupos e independientes, y otra vez con sus debidas excepciones, guardan ante el género. A pesar de los recurrentes reportajes condescendientes que anuncian la vida de la que goza, el cuento se encuentra en franco declive editorial, tanto en libros como en publicaciones periódicas.
Esto no es una novedad: el cuento, uno de los géneros más antiguos y uno de los que mayores alegrías ha dado en la literatura latinoamericana, siempre ha sobrevivido en estado moribundo, con sus consecuentes mejorías y recaídas. No es de extrañar, entonces, que haya encontrado un refugio idóneo en internet, ese enorme limbo que posterga o disimula la desaparición definitiva de todas las cosas.

Quizás como digna y desesperada estrategia de supervivencia, algunos de los mejores libros de cuentos escritos en los últimos años coquetean con la novela mediante formas híbridas como la novela en cuentos o los cuentos ensartados, dependiendo del grado de cohesión.
Con claros antecedentes como El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán, Andamos huyendo, Lola, de Elena Garro o la obra narrativa de Juan Carlos Onetti, los cuentos aspiran a resistir la lectura autónoma al tiempo que, como capítulos, funcionan como hilo narrativo o temático de un entramado mayor. Las estrategias de unidad son variadas. En “El boxeador polaco”, de Eduardo Halfon (Guatemala, 1971), se cuenta cómo sobrevivió el abuelo del narrador a los campos de exterminio nazis,  anécdota a la que el resto de cuentos del libro homónimo vuelven como motivo casi musical.

En el caso de Tanta gente sola, de Juan Bonilla (1966), son los personajes los que saltan de una historia a otra, y al leer alguna de ellas de manera autónoma, como “El llanto”, no se sospecha que, aunque a veces de forma un tanto forzada, funciona como fragmento de un conjunto. En ocasiones, la cohesión está dictada por un espacio geográfico y sentimental, como sucede en los cuentos de Los Lemmings, de Fabián Casas (Argentina, 1965), que convierten en leyenda las vivencias de un niño que se transforma en adulto en el barrio porteño de Boedo.

No hay que confiar demasiado en internet, pues uno de los mejores cuentos de Casas disponibles en línea, “Los cuatro fantásticos”, si bien permanece fiel a su imaginario nostálgico y pop, sucede en el Once, un barrio porteño típico de los cuentos de otro  argentino, Marcelo Birmajer (Argentina, 1966).

Con los tres tomos de Historias de hombres casados, que comparten el mismo narrador, Birmajer consiguió la extravagancia de cosechar éxito comercial en un género supuestamente proscrito de las listas de libros más vendidos, lo que se explica en parte por los hábiles quiebres de sus tramas, lo que “A cajón cerrado” ejemplifica a la perfección. Al hablar de territorios ficcionalizados, resulta imposible pasar por alto el norte mexicano recreado por Carlos Velázquez (México, 1978).
Huyendo del costumbrismo que permanentemente acecha a la literatura mexicana, y más cuando se le suman desiertos inmensos y narcotraficantes coloridos, Velázquez escribió de la tierra donde le tocó nacer con soltura e irreverencia.

A pesar de no ser su cuento más radical, “No pierda a su pareja por culpa de la grasa”es una buena prueba de su particular sentido del humor. De estética más contenida, Federico Falco (Argentina, 1977) sitúa sus historias en la provincia de Córdoba, para crear un mundo que resulta demasiado lírico para considerarse real, y demasiado reconocible para tomarlo como fantástico. Sus personajes se mueven entre la inocencia y la perversión; se muestran soñadores y desencantados; su lógica es extraña, coherente solo consigo mismos. Hay algo que no alcanza a explicarse en los cuentos de Falco y de los cuentos de Falco, como en “Elefante”; lo importante, sin embargo, es que recuerdan algo que se suele olvidar buscando coincidencias y divergencias entre el pajar de internet: que un cuento debe ser, antes que cualquier otra cosa, una obra de arte.

Guzmán Rubio, Federico. Antología involuntaria: el cuento contemporáneo en español en 37 clics.Letras libres,Blog simpatías y diferencias,Abril 13, 2015. Fuente: http://www.letraslibres.com/blogs/simpatias-y-diferencias/antologia-involuntaria-el-cuento-contemporaneo-en-espanol-en-37-clics

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